RECUERDOS DE FERIA


Capítulo I
El primer encuentro
Existen recuerdos que se encuentran adheridos a tu mente, como deseando salir, manifestarse, hacerse públicos para reclamar su realidad. Uno puede esquivarlos momentáneamente y a veces hasta creemos que ya se olvidaron, pero en el instante menos esperado afloran para echarnos en cara que aún persisten y tienen el poder de trasladarnos nuevamente hacia los momentos más duros de nuestra vida… pero también a los mejores instantes, a los más plenos, esos en los que sentimos que todas las circunstancias se confabularon para delinear los momentos más sublimes de nuestra existencia… Así me paso a mí y creo que a ella también.
Todo ocurrió de imprevisto aquel 17 de noviembre de 1995, era viernes como todos los días que quiero recordar de mi vida. Yo trabajaba como vendedor en las tiendas REX de 5 de julio, ya estaba a punto de culminar mi faena cuando llegó aquella chica. Estaba buscando unas botas Bassinger marrones para completar su atuendo de feria.
En circunstancias habituales le habría dicho que no había, que la próxima semana nos llegaban o que ya íbamos a cerrar, pero había algo en ella, en su actitud y en las circunstancias que se confabularon en ese momento, que me hizo buscarle en lo más recóndito del depósito los zapatos que buscaba. Ver su cara de felicidad cuando se los probó fue un privilegio que hasta ahora no he podido volver a experimentar.
Me dio las gracias por haberle conseguido las botas que deseaba. Desde afuera su hermano tocaba la corneta del carro para apurarla, pero ella parecía despreocupada ante aquella actitud…Antes de irse me preguntó: ¿Vos sabéis cuales grupos se van a presentar hoy en Expozulia?
-Creo que Gran Coquivacoa y el Grupo Menta –le dije- ¿vas a estar allá?
-Si –me respondió- y me dijo después algo que no alcancé a entender porque salió corriendo a montarse en el auto que la estaba esperando en las afueras de la zapatería.
Salí de la tienda con rumbo a que mis primos, era la tradición pasar con ellos el Amanecer Gaitero. Sin embargo, por algún extraño motivo no pude olvidar aquella chica y su actitud, ella me contagió de feria, de alegría, de felicidad… Por alguna inexplicable razón sentí que había nacido en Maracaibo no más para vivir aquel momento y que todo el propósito de mi vida se resumía en ese instante.
Aún así, se me pasaron dos detalles importantes: preguntarle su nombre, o al menos en que parte de Expozulia la podía encontrar… Si pudiera devolver el tiempo ahora de seguro le habría pedido el número de aquel Nokia 2120 que llevaba en su cintura, pero son cosas que a los 21 años se te pasan por alto. En el trayecto hacia que mis primos no hice otra cosa que pensar en aquella chica. Nunca antes me había pasado algo así.
Cuando llegué ya me estaban esperando, nos fuimos caminando hasta Expozulia, no sin antes parar en Cachapas los 70 (aún existe este negocio) a cenar antes de enferiarnos hasta el amanecer. Sin embargo, aunque no me lo crean, no paraba de recriminarme el no haberle pedido el número a aquella chica, sentía como si hubiera desperdiciado una maravillosa oportunidad de esas que solo ocurren cada mil años.
Pero como la suerte de los novatos los profesionales la desean (perdón por inventar el refrán) ¿Qué creen que paso estando allá en Expozulia? ¡La ví! … sí la vi, era ella con las mismas botas que horas antes le había vendido, estaba junto a la tarima viendo una agrupación de gaitas que hacía su debut en aquel escenario. Envalentonado por las 4 cervezas que llevaba, me atreví a acercarme.
Para mi suerte me reconoció y se tornó muy receptiva conmigo. Aprovechando que su hermano se había alejado de ella, le invité una cerveza, después fuimos a comer pinchos. Fueron los pinchos más sublimes que he probado en mi vida, quizá porque a su sazón se le añadía el aroma de su perfume y los efluvios de la cerveza. A veces cuando despierto en la madrugada, aun percibo aquel sabor en mi boca.
Cuando su hermano llegó me presentó como un amigo de la Universidad, lo que me valió para que me invitaran a su casa. Fue la primera y única vez que me monto a un carro de alguien que no conozco y con rumbo también desconocido, pero fue la mejor experiencia de mi vida. En el trayecto pude ver la gente feliz, las colas propias de un amanecer de feria y los depósitos full, al fin paramos en uno a la altura de la Picola y compré como 10 Topochitas Regional para tomar en el camino ¿la recuerdan?
Llegué a su casa y lo primero que llamó mi atención fue el arbolito de navidad en todo su esplendor. Era una tradición de sus padres, colocar los adornos navideños desde principios de noviembre para que lucieran en la feria. Era una de esas familias tradicionales, de las que nos enorgullecen de ser marabinos, en la actualidad quedan pocas, pero de seguro las hay.
Así amanecimos, cantando gaitas, comiendo parrilla y celebrando el Día de Nuestra Santa Patrona la Virgen de Chiquinquirá…esa es la razón, por la que el 17 de cada mes espero el Amanecer de Feria, antesala al día de Nuestra Santa Patrona la Virgen de Chiquinquirá… y ahora sé que ella también ha hecho de esa fecha su día favorito del año.
Esperando la Feria…